Hay músicos que persiguen la novedad como quien corre detrás de un taxi bajo la lluvia: con prisa, ansiedad y pocas garantías de llegar a algún sitio. Eric Alexander ha elegido otra carretera. Lleva décadas profundizando en el saxo tenor de raíz hard bop, un territorio que algunos dan por archivado cada pocos años y que, por fortuna, sigue teniendo pulso, sudor y bastante mala leche cuando cae en las manos adecuadas.
El reciente anuncio de su incorporación como artista de BetterSax devuelve su nombre al primer plano. En el vídeo de presentación, Alexander aparece tocando un BetterSax Session Tenor y expresa una valoración extraordinariamente contundente sobre el instrumento. La marca comunica asimismo un lanzamiento mundial previsto para finales de octubre, aunque el material compartido no especifica el año. Más allá del movimiento comercial, la noticia tiene interés por otra razón: vuelve a colocar el foco sobre un intérprete que ha defendido la tradición sin embalsamarla en formol.
Un tenor con pasado, presente y mucho aire dentro
El hard bop no consiste en ponerse una americana con solapas imposibles, citar dos compases de blues y mirar al público como si acabara de entrar en un club de 1958. Es un lenguaje construido sobre el bebop, el blues, el gospel y un sentido rítmico terrenal: música sofisticada, sí, pero con los zapatos pegados al suelo.
Ahí encaja Eric Alexander. Su aproximación al tenor privilegia un sonido amplio y corpóreo, con fraseo articulado, líneas que avanzan con lógica melódica y una relación muy directa con el swing. No busca convertir cada solo en una tesis doctoral sobre el instrumento. Su virtud está, precisamente, en hacer que una frase compleja suene inevitable; como si hubiera estado ahí desde antes de que alguien decidiera tocarla.
Ese enfoque conecta con una gran familia del tenor moderno. La elegancia narrativa de Dexter Gordon, la densidad bluesera de Gene Ammons y la ambición armónica asociada a John Coltrane forman parte del paisaje desde el que se entiende este sonido. No se trata de afirmar que Alexander copie a ninguno —sería una simplificación perezosa—, sino de reconocer una conversación estilística que el hard bop lleva manteniendo desde hace generaciones.
La tradición no es una jaula, es un vocabulario
La palabra «tradicional» ha sufrido bastante. A menudo se emplea como sinónimo de conservador, como si respetar la gramática del jazz impidiera escribir frases nuevas. El caso de Alexander demuestra lo contrario. Dominar un vocabulario no equivale a repetirlo: significa disponer de más herramientas para tomar decisiones rápidas cuando llega el momento menos democrático de todos, el solo.
En el tenor hard bop, cada detalle pesa. La entrada de una nota puede empujar al grupo hacia delante o dejarlo con la energía de una cola de oficina. Un silencio bien colocado puede decir más que una ráfaga de semicorcheas. Y el blues, ese material aparentemente sencillo que ha humillado a músicos mucho más brillantes sobre el papel, exige personalidad antes que pirotecnia.
Alexander ha construido una trayectoria discográfica muy extensa. Según se indica en el vídeo de BetterSax, suma más de 50 álbumes como líder y más de 200 participaciones como acompañante. Esas cifras dibujan algo más interesante que una colección de créditos: la vida de un músico de repertorio, de directo, de interacción y de trabajo constante. El jazz no se sostiene solo con discos admirables; también con intérpretes capaces de entrar en una banda, escuchar de verdad y hacer que la música gane temperatura.
Qué revela el anuncio de BetterSax, y qué no
Conviene no convertir un vídeo promocional en el informe anual de una multinacional. Lo confirmado por la presentación es claro: Eric Alexander ha sido anunciado como artista de BetterSax y toca el modelo Session Tenor mostrado en la pieza. También se adelanta que habrá más contenido relacionado con el saxofonista a través de los canales vinculados a la marca.
El propio Alexander explica, en esencia, que antes pensaba que una buena caña y una buena boquilla le permitirían mantener el mismo nivel en cualquier instrumento. Tras probar este tenor, su posición ha cambiado: lo considera el mejor saxo que ha tocado. Es una opinión personal, no una tabla de los Diez Mandamientos grabada en latón, pero resulta significativa por venir de un profesional con una experiencia tan amplia.
La lección más útil no es que exista un saxo milagroso esperando a resolver nuestros problemas —qué pena, la industria musical habría vendido muchos menos espejos—. Es que el instrumento importa. La respuesta, la afinación, la ergonomía y la resistencia influyen en cómo respira y frasea un intérprete. Pero ninguna campana dorada sustituye a las horas de estudio, a la escucha ni a ese incómodo encuentro con el metrónomo que tantos egos ha mandado al desguace.
Cuatro lecciones de Eric Alexander para un saxofonista actual
- Construir sonido antes que velocidad. Una idea rápida con un sonido débil dura lo mismo que un titular escandaloso: poco. Trabajar notas largas, afinación, ataques y dinámica sigue siendo una inversión excelente.
- Aprender el blues como un idioma cotidiano. No como una escala para salir del paso, sino como estructura, acento, tensión y carácter. El blues enseña a contar una historia con pocas palabras.
- Escuchar tenores de distintas épocas. Dexter Gordon, Gene Ammons y John Coltrane no son estaciones obligatorias para presumir de biblioteca: son maneras diferentes de organizar el sonido, el tiempo y la emoción.
- Buscar continuidad en el discurso. Un solo memorable no necesita ser una sucesión de gestos brillantes. Necesita dirección. Cada frase debería saber de dónde viene y, al menos aproximadamente, adónde quiere ir.
Por qué el hard bop sigue teniendo algo que decir
La vigencia del hard bop no depende de que reproduzca fielmente un decorado histórico. Depende de que sus materiales siguen siendo fértiles: melodías cantables, armonías con sustancia, groove, blues y espacio para la voz individual. Son elementos suficientemente sólidos como para sobrevivir a las modas y suficientemente abiertos como para dialogar con músicos nuevos.
Eric Alexander representa una forma especialmente valiosa de mantener ese legado: no la del guardián que prohíbe tocar, sino la del intérprete que demuestra cada noche por qué el lenguaje merece seguir hablándose. El anuncio de BetterSax funciona como gancho de actualidad; el asunto de fondo es bastante más duradero. Mientras haya un tenor capaz de hacer sonar un blues con convicción, el hard bop no necesitará certificado de defunción. Y, francamente, parece que todavía tiene pulmones para rato.